Castillo de Larnach, terror en Nueva Zelanda

Muchos son los misterios y leyendas que rodean la figura de castillos por todo el mundo. Lugares en los que ha habido mucho sufrimiento e historias que bien podrían servir para innumerables películas, y que hoy día se mantienen como lugares de interés turístico aprovechando el morbo.

En países como España, Inglaterra o Francia son muchos los castillos que podemos encontrar, fruto de una historia plagada de guerras y luchas internas, especialmente en la convulsa Edad Media, no así en países como Nueva Zelanda, donde este tipo de construcciones no fueron tan populares y donde apenas podemos encontrar dos castillos.
Y es mala suerte que de estos, uno se encuentre en un lamentable estado de conservación, como es el caso del Castillo de Cargill, y el otro, el Castillo de Larnach, tenga una historia llena de desgracias y supersticiones.

Larnach-Castle

Foto: www.larnachcastle.co.nz

Entre 1871 y 1887 el empresario William Larnach, que había amasado una enorme fortuna durante el periodo colonial, encargó al arquitecto neozelandes Robert Lawson la construcción de un castillo que le sirviese como vivienda en un terreno cercano a la ciudad de Dunedin, a tan sólo 10 kilómetros de la ciudad.

La construcción constaba de 43 habitaciones, más un salón de baile, y requería una plantilla de 46 criados, pero a pesar de todo ese lujo el empresario no logró alcanzar la felicidad, y tras una seria de catástrofes empresariales y desgracias personales le llevaron a caer en el alcoholismo tras arruinarse. Las depresiones se sucedieron y el rumor de un posible romance entre la tercera de sus esposas y su hijo fue el detonante que le hizo encerrarse en una sala de reuniones del Parlamento neozelandés y se pegó un tiro en 1898, tras disfrutar de su lujosa viviendo durante apenas 11 años.

Las desgracias de la familia Larmach no quedaron ahí. La hija del empresario, Kate Larmach moría a causa del tifus con apenas 26 años. Se comenta que el fantasma de ésta se puede ver vagando por el salón de baile del castillo, construida por su padre como regalo por su 21º cumpleaños y que no le dio tiempo a usar demasiado.

Tras la muerte de William Larnach el castillo sufrió durante muchos años el abandono y la mala conservación fruto de las peleas familiares por la herencia del empresario, cambiando de manos en varias ocasiones hasta que en el año 1967 por Barry y Margaret Barker, que le han devuelto su esplendor reformándolo y conservándolo de forma adecuada. Hoy día es considerado uno de los puntos de mayor interés turístico, pudiendo ser visitado y en cuyo interior se conservan diversos objetos donados o vendidos para su exposición.

También cuenta con un espacio destinado al alojamiento de huéspedes en las casas y los antiguos establos, aunque el precio puede ser bastante elevado.

La leyenda que rodea este castillo parece haberse diluido en los últimos años, aunque en noviembre de 2008 el diario New Zealand Herald publicó un artículo en el que se hablaba de los más de 30 informes sobre avistamientos de espíritus, empujones misteriosos, roces, y otros sucesos de difícil explicación lógica registrados en el castillo. También ha sido plató para programas dedicados a investigar fenómenos paranormales, como es el caso del programa de televisión americana “Ghost Hunters International”.